Dirección de Comunicación Social

Número 044
Febrero 9, 2009

ES EL MATRIMONIO UNA INSTITUCIÓN QUE ATRAVIESA POR UN PERIODO DE CRISIS Y CAMBIOS, AFIRMA ACADÉMICA DE LA UAM

*En el medio rural, la institución matrimonial se ve afectada seriamente por la migración

El matrimonio es una institución que atraviesa por un periodo de crisis y cambios, lo cual se refleja en la gran cantidad de divorcios y parejas separadas, en violencia intrafamiliar y en diversos problemas que viven las familias.
 
Así opinó la doctora Gisela Espinosa Damián, profesora-investigadora del Departamento de Producción Económica de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), a propósito del Día Mundial del Matrimonio, que se celebra el día 10 de febrero.
 
La académica de la Unidad Xochimilco explicó que es necesario aceptar los cambios propios de las transformaciones sociales, en el divorcio o la separación deben respetarse los derechos de los ex cónyuges en relación con los bienes y con los derechos de los hijos, entre otros aspectos.

El Día Mundial del Matrimonio parece inscribirse en la tendencia conservadora que enfatiza los valores tradicionales de la familia y de la pareja. Es un homenaje a una institución que sin duda existe y puede ser muy importante si siempre fuera el resultado de una decisión libre, afectuosa y responsable de quienes se casan, pero que ha mostrado estar en crisis debido a que no siempre se finca en relaciones de amor, respeto y ayuda entre los cónyuges.
 
En la actualidad las parejas establecen un convenio legal sin tiempo indefinido, que no siempre puede sostenerse en un largo plazo, es decir, el matrimonio dura mucho menos de lo que quizá uno mismo cree o de lo que socialmente se piensa.
 
La especialista en temas de género y desarrollo rural refirió que una de las transformaciones del matrimonio está vinculada con la percepción inicial de perdurabilidad: “hasta que la muerte nos separe”, que ha sido sustituida por una idea mucho más flexible y asociada a la perdurabilidad del afecto, la voluntad y el respeto.
 
Quizá en ello las mujeres hayan contribuido en mayor medida, porque hace décadas, la “moralina” y la dependencia económica de la mayoría de las esposas se asociaban a la resignación al maltrato, la violencia, la infidelidad, la irresponsabilidad y a la no equidad.
 
Hoy se ha elevado el nivel medio de escolaridad de las mujeres, muchas trabajan y tienen ingresos propios, se han difundido sus derechos y hay mayor aceptación social para las “mujeres solas” y las madres separadas; todo ello abre el margen de libertad para decidir si continúa o se termina el matrimonio, refirió la doctora en Antropología.
 
En el medio rural, la institución matrimonial se ve afectada por la migración, que obliga a miles de parejas a vivir espacial y temporalmente alejadas, a veces por tiempos muy largos, con formas de comunicación, apoyo y vínculos distintos a una pareja corresidente.
 
La separación forzada por la migración a veces significa el fin del matrimonio, pues muchos de los cónyuges que se van establecen otra relación en sus lugares de destino. Esas situaciones llegan a ser muy dramáticas, pues no sólo se rompen vínculos afectivos o legales, sino que se deja desamparada a la familia del lugar de origen.
 
Algunos de los cambios que sufre la institución matrimonial son positivos: si la unión de dos personas obedece a un acto de libertad, el matrimonio tiene caso; si se sostiene sólo con firmas o a costa de una vida insatisfactoria para ambos o para uno de los cónyuges ¿para qué mantenerlo?, precisó.  
 
La idea de conservar la unión legal de manera forzada y la unión heterosexual como única forma de pareja es obsoleta y conservadora, tiene que dejar su lugar a una idea libertaria y humana que busca la satisfacción y el despliegue pleno de las personas que deciden unirse.

La doctora Gisela Espinosa Damián es profesora-investigadora del Departamento de Producción Económica de la Unidad Xochimilco (Teléfono: 5483-7000 Ext. 3486).