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Número 375
Diciembre 4, 2009

NECESARIO SUSTITUIR PATRONES TECNOLÓGICOS Y DE CONSUMO PARA GARANTIZAR LA CALIDAD DE VIDA Y LA CONSERVACIÓN DEL ENTORNO, APUNTA DOCENTE DE LA UAM

*Uno de los rasgos del sistema tecnológico es que tiene efectos imprevistos y peligrosos

Es necesario terminar con las relaciones sociales capitalistas para acabar con los patrones tecnológicos y de consumo depredadores que el capitalismo ha impuesto –causantes de la catástrofe ambiental registrada– y sustituirlos por esquemas económicos orientados a garantizar la calidad de vida de los humanos y la conservación del entorno.
 
El doctor Abelardo Mariña Flores, profesor-investigador del Departamento de Economía de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), estableció lo anterior al comentar el libro Límites del crecimiento y cambio climático, del doctor Mauricio Schoijet Glembotzky, profesor-investigador del Departamento de El Hombre y su Ambiente de la Unidad Xochimilco.

El docente de la Unidad Azcapotzalco sostuvo que la hipótesis central del autor es que el mundo enfrenta la posibilidad de una drástica caída en la población y las fuerzas productivas, debido al agotamiento de combustibles fósiles, al desplome en la producción agrícola y al cambio climático.
 
Para evitar lo anterior, señaló el miembro del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), debe eliminarse la propiedad privada de los medios de producción por parte de la clase capitalista, sustituyéndola por formas de propiedad estatales, cooperativas, comunitarias y sociales, que desechen la lógica de la rentabilidad capitalista y se orienten a la satisfacción de las necesidades sociales.
 
La construcción de una sociedad basada en relaciones horizontales y democráticas que no explote el trabajo ajeno, permitirá que las decisiones económicas fundamentales se tomen buscando satisfacer los intereses generales de la población que es, al mismo tiempo, trabajadora y consumidora.

Mariña Flores afirmó que la producción debería efectuarse como una actividad social que transforme la naturaleza, para satisfacer las necesidades del conjunto de la sociedad regida por una lógica creativa y concreta, que se fundamente en el desarrollo de patrones tecnológicos y de consumo, orientados no a impulsar la rentabilidad del capital, sino al mejoramiento de la calidad de vida de la población y a la conservación del medio ambiente.

Se confirma la hipótesis del autor, advirtió el economista, de que es fundamental impulsar la refundación de "un movimiento comunista rojo-verde", para avanzar en soluciones efectivas que permitan evitar una catástrofe humana y ambiental universal.
 
Schoijet Glembotzky indicó que a pesar de que la existencia del hombre data de alrededor de 250 mil años, no es sino hasta el siglo XVIII que la Humanidad tuvo un impacto considerable sobre la naturaleza, con la desaparición y tala masiva de bosques para la agricultura.
 
De la mano del progreso, explicó el especialista en Metalurgia y Ciencias de los Materiales, estuvo el uso de los combustibles a partir de la industrialización, con la utilización del carbón vegetal, el mineral y posteriormente el uso del petróleo.
 
Uno de los rasgos del sistema tecnológico es que tiene efectos imprevistos y peligrosos, y el inconveniente es que no puede saberse con precisión las consecuencias que acarrea este progreso, enfatizó el miembro del SNI.
 
Una de las cuestiones no resueltas en la actualidad es el papel de los aerosoles en el efecto invernadero. Sin embargo, un problema aún mayor es la fusión de los hielos de la Antártida y Groenlandia, porque se produce gran cantidad de metano (el segundo gas con más presencia en este fenómeno del calentamiento) debido a la fricción entre las masas de hielo, con lo cual no sólo aumentará el calentamiento de la Tierra, sino que el nivel del mar se incrementará en casi un metro, creando varias decenas de millones de refugiados.
 
La alternativa a esto, además de clausurar las centrales eléctricas de manera inmediata, es que la sociedad adquiera un sentido de uso de la naturaleza más razonado y no depredador, aspecto que sólo puede conseguir la fuerza social organizada que se imponga ante el actual modelo económico.