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Número 371
Diciembre 2, 2009

AFECTA CRISIS CIVILIZATORIA DIRECTAMENTE AL CAMPO, SEÑALA INVESTIGADOR
EN SEMINARIO DE LA UAM

*El desarrollo requiere la construcción de nuevas relaciones estatales por medio de la autonomía, la autogestión y la profundización de la democracia

El modelo de sociedad capitalista lleva al mundo a una crisis civilizatoria que afecta directamente al campo, planteó el doctor Bernardo Manzano Fernández, coordinador del Grupo de trabajo Desarrollo Rural en América Latina y el Caribe del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO), al participar en el Seminario Internacional El desarrollo rural y la crisis mundial: impactos, retos y alternativas, realizado en la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM).
 
El especialista en Geografía Humana sostuvo que “la intoxicación” del capitalismo a causa de “la ingesta excesiva” de políticas neoliberales no sólo afecta a trabajadores, campesinos e indígenas, sino también al propio sistema, provocando una crisis coyuntural estructural, y que la recuperación económica del mismo no implicará una mejora social ni para el campo.

A partir de esta crisis, refirió, existe una disputa por la tierra, la producción de alimentos y la generación del agronegocio, que está constituido por los sistemas agrícola, industrial, tecnológico, financiero e ideológico y que se presenta para todos los países de Latinoamérica.
 
El doctor Carlos Rodríguez Wallenius, coordinador del Posgrado en Desarrollo Rural (especialización, maestría y doctorado) de la Unidad Xochimilco, refirió que la crisis actual por la que atraviesa la vida rural, expresada en múltiples dimensiones: ambiental, alimentaria, energética, financiera y económica, obliga a revisar la historia, pero también a alzar la mirada hacia el futuro, hecho fundamental para el progreso.

La polarización de poderosos latifundistas, vivida desde hace casi un siglo, puede observarse con la concentración de capital en pocas manos, en tanto millones de personas sin recursos sobreviven como pueden, puntualizó. 

El doctor Guillermo Almeyra Casares, director de la revista Observatorio Social de América Latina (OSAL), señaló que desde una perspectiva latinoamericana para alcanzar el desarrollo se requiere una intención social concreta y la participación consciente de los beneficiarios, un salto cultural en las relaciones cotidianas y con el medio ambiente.
El avance requiere la construcción de las bases de nuevos vínculos estatales por medio de la autonomía, la autogestión y la profundización de la democracia.
 
En suma, la clave para el desarrollo, la ciudadanía, la libertad y la preservación del ambiente “amenazado de muerte” por el capitalismo, es la autogestión; y son los individuos -a la vez consumidores y productores- quienes deben controlar y reorganizarse sobre la base del interés común y del de las generaciones futuras en oposición al lucro, al interés privado, al egoísmo y la explotación de unos por otros.
 
El doctor Rodrigo Medellín Legorreta, del Instituto de Ecología de la Universidad Nacional Autónoma de México, refirió que la transformación social no puede lograrse únicamente con alianzas entre organizaciones campesinas u obreras, es necesario que éstas se vinculen a un proceso más amplio, acompañado de un marco teórico y programático para lograr una inserción lo más acertada posible.
 
Deben implementarse opciones globales, nuevos paradigmas que planteen la transformación desde una arista teórica y programática –pero siempre desde el punto de vista del campesino– en ese sentido puede hablarse de universidades con un enfoque multidisciplinario, donde alumnos y profesores dominen distintos campos del conocimiento de la teoría de transformación de una sociedad.
 
El desafío para un programa de maestría en una perspectiva futura consiste en lograr una división teórica y práctica del proceso global de cambio, sin excluir ningún ámbito social de este esfuerzo globalizador y de transformación que incluya el papel relevante de los campesinos.