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Número 662

21 de diciembre de 2020

GUILLERMINA BRAVO, UNA MUJER SIN ARTIFICIOS, INTELIGENTE,

LLENA DE FORMAS Y CONCEPTOS

*Esto fue abordado en el Coloquio virtual Guillermina Bravo 100 años, 1920-2020, organizado por la UAM y el INBAL 

La trascendencia de Guillermina Bravo está “en sus acciones, en sus danzas y en las palabras que nos espeta desde su sabiduría infinita esta mujer sin artificios, inteligente, llena de formas y conceptos, que ha construido las verdades que sólo con el cuerpo podían expresarse y nos las ha entregado como un regalo”, aseguró la doctora Margarita Tortajada, integrante del Cenidi Danza “José Limón”.

 

Como parte del segundo conversatorio del Coloquio Guillermina Bravo 100 años, 1920 - 2020, organizado por la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) y el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL), la investigadora destacó que bailarina, coreógrafa y directora, “defendió su vocación artística hasta convertirse en ejecutante de la primera generación de danza moderna mexicana; fundó instituciones y defendió convicciones; construyó sus espacios de creación y disciplina; desarrolló una obra de tendencia nacionalista crítica y filosa, y más tarde se rehízo en la danza contemporánea, lo cual no es fácil en un artista”.

 

En el encuentro moderado por Marco Antonio Silva, director artístico del Centro de Producción de Danza Contemporánea del INBAL, también participó Jaime Blanc, coreógrafo y exintegrante del Ballet Nacional de México (BNM); Lidya Romero, coreógrafa y directora de la compañía El Cuerpo Mutable, y Gabriel Pascal, escenógrafo e iluminador.

 

Entre anécdotas y recuerdos, Blanc señaló que el Ballet Nacional no era un grupo de bailarines, sino de personalidades gracias a la maestra Bravo, quien lograba conjuntar esos caracteres tan diversos para estar en el foro mediante un método de trabajo muy estricto que supo inculcar en diversas generaciones para lograr su propósito coreográfico.   

 

“Su modo de trabajar era aplicando la técnica Graham y fue la primera mujer que lo hizo; tomaba una pequeña secuencia para su obra y empezaba a investigar sobre ello; nos obligaba a entender el movimiento desde un punto de vista más cercano a nuestra persona y tenía el conocimiento pleno de cada uno de los bailarines, lo cual le permitía laborar con amplitud”.

 

Para la maestra Romero es impensable la danza sin el BNM y la obra de Bravo que deja una herencia fundamental en los jóvenes intérpretes con coreografías emblemáticas, incluidas: Epicentro, El llamado, Interacción y recomienzo y toda una serie de solos.

 

“Tenía una gran visión, generosidad y amplitud de conocimiento que te arropaba, te hacía parte de ese equipo que en todo momento generaba experiencias y conocimiento; tomaba en cuenta la voz de los jóvenes y había una formación más allá del salón de clases y del escenario, a partir de una vida intelectual tan rica y esa forma de dialogar con otras generaciones”.

 

Pascal destacó la forma en que la maestra Bravo “observaba desde el sueño y la fantasía, convirtiéndose en una mujer más emocional que racional, repleta de sabiduría y conocimiento”. 

 

De acuerdo con el escenógrafo, si bien realizó múltiples tareas como gestora, promotora, bailarina y coreógrafa con una gran capacidad y compromiso, quedó pendiente su exploración en el teatro, rama de las artes escénicas que también llamó su atención.

 

El Coloquio virtual Guillermina Bravo 100 años, 1920-2020 contó con la participación de investigadores, bailarines, coreógrafos, creadores de otras disciplinas y colaboradores del que fuera el Ballet Nacional de México.

 

La Casa abierta al tiempo y el INBAL han conjuntado esfuerzos para que el Coloquio vaya más allá de una sola emisión y continúe el próximo año como una oportunidad para honrar el trabajo de una de las figuras más destacadas de la danza nacional. 

 

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