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Número 623

3 de diciembre de 2020

SOBRECARGA DE LÍPIDOS CONDICIONA LA APARICIÓN DE TUMORES HEPÁTICOS CON MAL PRONÓSTICO

*Experto de la UAM dictó la conferencia Grasas buenas vs grasas malas, en el marco del ciclo Sábados en la ciencia

La sobrecarga de lípidos –colesterol y ciertos ácidos grasos– condiciona el desarrollo de tumores hepáticos “con mayor agresividad y mal pronóstico”, advirtió el doctor Luis Enrique Gómez Quiroz, investigador del Departamento de Ciencias de la Salud de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM). 

 

En la conferencia Grasas buenas vs grasas malas. La dieta como factor de riesgo para el cáncer, en el marco del Ciclo: Sábados en la ciencia, enfatizó la necesidad de alcanzar un equilibrio respecto de los lípidos que se consumen en la dieta, es decir, tener buenos niveles de insaturados –Omega 3 y 6– y mantener bajos de los saturados y el colesterol, además de evitar los llamados trans.

 

Al recomendar el cuidado de la alimentación, el académico de la Unidad Iztapalapa de la Institución subrayó que es el tipo de lípido, más que la cantidad, lo que marca la susceptibilidad al daño y, por lo tanto, el inicio y la progresión del cáncer de hígado. 

 

La ingesta de colesterol recomendada por la Organización Mundial de la Salud es de entre 240 y 260 miligramos por día, sin embargo, en México el promedio es de 374 a 452 miligramos diarios y los estados de México, Tamaulipas, Nuevo León, Jalisco, Quintana Roo, Baja California y Baja California Sur son las entidades con mayor consumo de esta sustancia. 

 

El problema con los ácidos grasos trans es que se generan por la hidrogenación parcial de aceites vegetales, que siendo líquidos se convierten en grasas sólidas que actúan como saturadas, lo que significa que disminuyen el colesterol bueno y aumentan el malo. Algunas margarinas y mantecas vegetales contienen cantidades variables de esos ácidos.

 

Si bien los ácidos grasos que se acumulan en el abdomen “se pueden quemar” haciendo ejercicio, “el colesterol no lo podemos desechar de manera fácil, por lo que es mejor no consumirlo”, ya que la sobrecarga de estos lípidos puede conducir a desórdenes genéticos, incluidos hipercolesterolemia familiar –trastorno que se transmite de padres a hijos y que provoca que la cuota de colesterol malo sea muy alta– diabetes, hígado graso, obesidad y aun cáncer, entre otros males metabólicos.

 

Ya en un proceso canceroso, el padecimiento se comporta como si fuera un manipulador número uno y una vez en el organismo se da el fenómeno que “conocemos como lipogénesis aberrante, que es muy peligroso” porque la célula cancerosa puede hacer su colesterol en su sistema de autosuficiencia y cuando una persona ya tiene un tumor de nada sirve dejar de comer alimentos con alto contenido de esa sustancia”, subrayó el investigador.

 

En la UAM se ha estado caracterizando una “molécula fascinante: la GDF11 y hemos encontrado que esta proteína disminuye la proliferación de células cancerosas y, por lo tanto, atenúa también la capacidad de multiplicarse y producir tumores; por ello la consideramos como un blanco terapéutico y una buena herramienta antitumoral”, ya que resta agresividad a las células dañinas. 

 

El doctor Gómez Quiroz sostuvo que en su análisis encontró que muchos genes relacionados con el metabolismo del colesterol estaban ahí, porque a éste “le gusta el cáncer” y la GDF11 estaba “desarmando la célula cancerosa”, por lo que la maquinaria de síntesis de la lipogénesis aberrante también bajó de manera notable. 

 

En el estudio se identifica “que pacientes que tienen una alta huella genética tienen una sobrevida más baja, es decir, mueren más rápido, mientras que los pacientes con una huella genética baja sobreviven más”. 

 

Con este trabajo, el grupo de investigación provee a los médicos de herramientas que les permitan, no sólo ofrecer mejores pronósticos a los enfermos, sino más opciones de tratamiento. 

 

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