Encabezado
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Número 595

19 de noviembre de 2020

LAS UNIVERSIDADES DEBEN SER GENERADORAS DE CONCIENCIA

EN MATERIA DE DISCAPACIDAD

*Si la sociedad no hubiera apartado a ciertas personas no habría que pensar en la inclusión en pleno siglo XXI

El reto de las universidades es convertirse en espacios generadores de conciencia y de proyectos que abarquen, desde la accesibilidad física a todos los rincones y servicios, hasta la concientización y el compromiso de docentes y administrativos para incluir a todo el alumnado, sin importar su estado, lo que las convertiría en incubadoras, tanto de conocimiento como de empatía hacia la discapacidad, argumentó el licenciado Juventino Jiménez Martínez, director de la Asociación Civil Punto Seis.

 

El también maestrante en Desarrollo Rural por la Unidad Xochimilco de la de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) dijo que sólo cinco por ciento de la gente con discapacidad ingresa a la universidad, una proporción que se reduce en forma considerable cuando se avanza al posgrado, debido a que casi 80 por ciento de la población en esa condición apenas puede terminar la primaria.

 

Los exámenes de admisión buscan ser un filtro para que pasen los que tengan mayores capacidades, por lo que muchos jóvenes con discapacidad quedan fuera de las aulas, sin alternativas para desarrollarse, además de que se ha solicitado a la Universidad el diseño de mapas y maquetas para conocer la espacialidad y pensar en cómo hacer accesibles todos los sitios, contando con personal capacitado y software de lector de pantalla y audible que garantice la integralidad de los servicios institucionales.

 

En el Foro-Diplomado: Accesibilidad Universitaria para Personas con Diversidad Funcional, el también activista hizo énfasis en el escaso acceso a la información y la carencia de herramientas didácticas que permitan avanzar al mismo ritmo que el resto de los compañeros de clase, por lo que la competencia para obtener reconocimientos y un lugar en los programas de posgrado es más difícil.

 

Jazmín López, licenciada en Administración por la Unidad Iztapalapa de la UAM, refirió que el proyecto Letras habladas, de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM), pretende lograr una educación equitativa e iguales condiciones para todos, en especial adaptando libros al braille o convirtiéndolos en audiolibros. 

 

La profesora de lenguas no habladas de la UACM sostuvo que otra iniciativa ha sido la generación de esquemas gráficos, fundamentales en la apropiación de conocimiento y la formación universitaria; los estudiantes aprenden a realizar mapas mentales, conceptuales y cuadros sinópticos que si bien son familiares para la mayoría por ser tan visuales, en muchos casos son desconocidos para este sector, por lo que se pretende profundizar en esta metodología. 

 

También exhortó a atender los vacíos por la falta de valoración que existe al respecto y a sensibilizar a los alumnos que serán los tomadores de decisiones en el futuro, al afirmar que “si la sociedad no hubiera apartado a algunos, no tendríamos que pensar en la inclusión en pleno siglo XXI”. 

 

Una medida que ayuda es verbalizar todo lo que se esté escribiendo en pizarrones o se muestre en las pantallas y presentaciones, ya que no sólo contribuye a la comprensión, sino que propicia la interacción, aseguró Silvia Lozada, fundadora de la primera escuela en América Latina para Perros Guía IAP.

 

En el caso de la discapacidad visual siempre debe avisarse cuando alguien deja un lugar o cuando llega; decir su nombre cuando se le quiere dirigir; nunca jalarlo ni empujarlo y pedir autorización para tomarlo del brazo o del hombro para guiarlo.

Las indicaciones: “por acá, por allá, de este lado” no sirven y en su lugar deben emplearse: “a tu derecha o frente a ti”, mencionando si hay escaleras para subir o bajar y los descansos que se presenten. 

 

Otro aspecto a considerar es el lenguaje, pues quienes padecen una discapacidad piden evitar a toda costa las palabras minusválido, incompleto, enfermo, inválido, anormal o “persona con capacidades diferentes”. 

 

López recordó que los perros de asistencia son entrenados por instituciones especializadas en apoyo a gente ciega, sorda o con movilidad limitada, pero no son las mascotas del salón, por lo que debe dárseles espacio y no acariciarlos.