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Número 447
1 de septiembre de 2020

EL PROYECTO DE ENSEÑANZA REMOTA DE LA UAM HA AFRONTADO

DESAFÍOS Y CAMBIOS

*El tema fue abordado en la sesión I del webinar Evaluación de aprendizajes en la educación virtual

 

El Proyecto Emergente de Enseñanza Remota (PEER) ha representado para profesores y alumnos enfrentar desafíos y cambios en cuanto a gestión del tiempo, planeación de los cursos, manejo de grupo, resolución de problemas de comunicación, uso de recursos tecnológicos e identificación de lo aprendido y la forma de evaluar, expuso la licenciada Nelly A. Rodríguez, pedagoga de la División de Ciencias Básicas e Ingeniería (CBI) de la Unidad Iztapalapa de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM).
 
Cuando se interrumpe el diálogo en el proceso formativo también se ve obstaculizada la apreciación, pues en el salón de clases los docentes “podemos ver a los jóvenes, escucharlos hablar entre ellos y acercarse a preguntar algo que no han entendido o la conclusión de un ejercicio, pero en las circunstancias en que nos encontramos este intercambio se ha visto alterado,” por lo que es necesaria una forma “muy fina del camino que seguiremos para ajustar de manera eficaz y efectiva” los niveles de logros y dominio de los cursos.

 

Durante la primera sesión del webinar Evaluación de aprendizajes en la educación remota: recursos y estrategias. Fundamentos y diseño didáctico –organizado por la Coordinación Divisional de Docencia y Atención a Alumnos de la División de CBI– la investigadora de la Casa abierta al tiempo señaló que en la universidad los contenidos incluyen conceptos, datos y procedimientos indispensables para el desempeño de actividades y recursos de aprendizaje y evaluación.

 

Los contenidos conceptuales se reconstruyen por el sujeto y muchas veces en contacto con otros; los datos consisten en información que puede ser memorizada para aplicación y los procedimientos son las acciones ordenadas que darán como resultado un producto. 

 

Ciertas labores facilitan la enseñanza-aprendizaje: en lo conceptual aparecen investigaciones, ensayos, discusiones y mapas mentales; en lo factual, repeticiones verbales o escritas, representaciones organizadas, ejercicios que favorecen la memorización y el recuerdo, y en lo procedimental, la observación y las prácticas de discusión, entre otras, refirió la profesora de la UAM. 

 

Para calificar todas estas tareas, “la idea es identificar el tipo de contenidos que se entrega a los alumnos para elegir y diseñar instrumentos o recursos que permitan evaluarlos,” aunque un tema que surge a partir del formato emergente remoto en el nivel superior es que, al no tener un procedimiento planeado para la modalidad virtual es probable que “los recursos con que contamos no nos arrojen lo que necesitamos para asentar una calificación”. 

 

Esto exige utilizar herramientas que alejen la subjetividad y que “nos permitan observar los aspectos finos del trabajo, el esfuerzo del estudiante y el producto del aprendizaje”. Para lograrlo, las rúbricas y las listas de cotejo son muy útiles, porque las primeras observan la presencia de un criterio y permiten la retroalimentación, mientras que las segundas implican aspectos –capacidad, habilidad y conducta– que debe observarse si están o no presentes, o si están en construcción. 

 

Algunos jóvenes tienen los apuntes al día o sólo siete de diez, por lo que no se puede castigarlos, porque se cae en la omisión de su esfuerzo y trabajo, ante lo cual se propone “usar la tercera columna, en la que se reconoce que la labor y aprendizaje” están en proceso. 

 

Ambas estrategias son muy útiles para las valoraciones, pues los conceptos, los datos y los procedimientos pueden estar presentes como criterios a considerar, pues permiten, tanto la auto y la coevaluación, como la retroalimentación más amplia para que el profesor pueda asentar una calificación. 

 

La evaluación virtual debe ser “un continuo del proceso de enseñanza-aprendizaje; registrar congruencia con la metodología; contar con la planeación del curso, objetivos bien definidos tipos diversos de contenidos: conceptual, factual y procedimental. Además de definir los niveles de dominio; elegir las actividades más convenientes en función de los contenidos y los recursos e instrumentos de evaluación con las respectivas rúbricas y lista de cotejo, concluyó Rodríguez.