Dirección de Comunicación Social
msg@correo.uam.mx

Número 272
Septiembre 23, 2009

PROVOCA VIOLENCIA Y DESINTEGRACIÓN SOCIAL EL SÍNDROME DE ESTRÉS PROLONGADO EN EL TRABAJO, SEÑALA DOCENTE DE LA UAM

*Este fenómeno debe ser abordado como problema de salud pública
 
*En México existen fenómenos de violencia arraigados en la sociedad y que son aceptados

El síndrome de estrés prolongado o Burn-out que sufren los trabajadores sometidos a grandes presiones laborales y que se caracteriza por despersonalización, agotamiento afectivo y baja autoestima, comienza a ser un problema social en México por la violencia y desintegración social que genera.
 
Así lo estableció el doctor José Luis Mateo Oropeza Ortiz, especialista en salud mental y victimología de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), quien reconoció que debido a los efectos de este fenómeno, debe ser abordado como problema de salud pública.
 
El síndrome de estrés prolongado afecta en forma generalizada al individuo sometido a presión social, laboral o familiar que incide en la despersonalización, soledad, ausencia de estimulación social, ansiedad, angustia, agotamiento afectivo y baja autoestima.

Dichos factores fueron encontrados en profesionales de la medicina de hospitales de Los Ángeles California y Nueva York, en Estados Unidos, quienes presentaban alteraciones que los llevaron al alcoholismo y a agitaciones límite de respuestas sociales y existenciales: rompimiento con parejas y disfunción social, resultado de tensiones generalizadas y permanentes. 
 
El académico de la Unidad Xochimilco indicó que el estrés prolongado se relaciona con los ciclos vitales y productivos del individuo: el primero en el segmento de entre 18 y 30 años, cuando entra a la fase productiva y tiene presiones fuertes por posicionarse, y otro comprendido de los 30 a los 60 años, cuando se enfrentan despidos y la presión de la edad, provocando enfermedades psíquicas e ideológicas.
 
Este problema que se detectó desde hace 15 años, en México aún es novedoso, y aunque el Instituto Nacional de Psiquiatría “Dr. Ramón de la Fuente Muñiz” y universidades como la Nacional Autónoma de México, la Autónoma Metropolitana y la Autónoma de Tlaxcala, han realizado investigaciones en ese rubro, en el país aún faltan estudios más profundos, señaló.
 
El académico advirtió que se trata de un problema creciente que está produciendo serios efectos, “por lo que es necesario que especialistas de disciplinas como Sociología, Psicología, Medicina y Psiquiatría realicen estudios y creen modelos de intervención con nuestra identidad y construcción cultural”.
 
Como alternativa sugirió darle al trabajador una personalidad institucional –hacerlo parte de la organización–, otorgarle espacio para la vida familiar, elevar la autoestima y diseñar estrategias para que el agotamiento afectivo pueda combatirse despresurizando los factores laborales que lo producen.
 
Consideró que en México existen fenómenos de violencia arraigados en la sociedad y que son aceptados. “Estamos educados para tener mucha tolerancia a la frustración, particularmente en el caso de las mujeres mexicanas, en quienes es un factor que las acompaña”.
 
Oropeza Ortiz abundó que este rasgo cultural es un campo propicio para los generadores de violencia, que es reproducido incluso en las industrias, caracterizadas por ofrecer a las mujeres empleos que crean baja autoestima y que son mal remunerados.
 
Los efectos son claros en los hogares que padecen grandes presiones sociales derivadas de la crisis económica, el desempleo, los divorcios y la desestructuración de la familia, fenómenos que son generadores de violencia.
 
Desde hace tres décadas en Japón se generaron modelos interesantes que llevaron a la globalización ideas de círculos de calidad acompañados de humanismo, como la promoción del ejercicio y las disciplinas deportivas dentro de las empresas, aspectos precursores del combate al estrés prolongado en los años 70 y 80.
 
Sin embargo, esta visión en las industrias ha tenido un decremento por la crisis económica que se vive, donde los recursos no se destinan al desarrollo de los trabajadores, de ahí la importancia de generar una campaña de la problemática y los efectos negativos para la sociedad.
 
Es fundamental difundir en las empresas, familias y la sociedad las consecuencias de no actuar ante este problema de salud, que se presenta cada vez a más temprana edad y se prolonga prácticamente durante toda la vida productiva de los individuos, y abordarlo en todas sus dimensiones de atención, acotó.

El doctor José Luis Mateo Oropeza Ortiz es profesor-investigador de la Licenciatura en Psicología de la Unidad Xochimilco (Teléfono: 5483-7063).